sábado, 12 de mayo de 2012

¡¡¡Nuevos mei tai disponibles fresquitos y coloridos!!!!

MEIS PERSONALIZADOS

Si quieres ser la primera en diseñar tu propio portabb en  la caseta  te lo ponemos muy  fácil:
Elige dos colores,un motivo y en una semana tendrás tu mei totalmente personalizado, reversible en 2 colores y preparado para ir siempre con tu bb.
Material resistente, algodón, tacto suave y fresquito, lavable.
Costuras reforzadas.
Desde los 7 meses hasta los 15 kg aprox.
Viene con bolsa a juego para guardar.





miércoles, 9 de mayo de 2012

Comparto un articulo publicado en el blog de MIMOS Y TETA

Declaración sobre el Llanto de los Bebés

Cuando un recién nacido aprende
en una sala de nido que es inútil gritar…
está sufriendo su primera experiencia
de sumisión. (Michel Odent)

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Hombres y mujeres, científicas y profesionales que trabajamos en distintos campos de la vida y del conocimiento, madres y padres preocupados por el mundo en el que nuestros hijos e hijas van a crecer, hemos creído necesario hacer la siguiente declaración:
Es cierto que es frecuente que los bebés de nuestra sociedad Occidental lloren, pero no es cierto que ‘sea normal’. Los bebés lloran siempre por algo que les produce malestar: sueño, miedo, hambre, o el más frecuente, y que suele ser causa de los anteriores, la falta del contacto físico con su madre u otras personas del entorno afectivo.
El llanto es el único mecanismo que los bebés tienen para hacernos llegar su sensación de malestar, sea cual sea la razón del mismo; en sus expectativas, en su continuum filogenético no está previsto que ese llanto no sea atendido, pues no tienen otro medio de avisar sobre el malestar que sienten ni pueden por sí mismos tomar las medidas para solventarlo.
El cuerpo del bebé recién nacido está diseñado para tener en el regazo materno todo cuanto necesita, para sobrevivir y para sentirse bien: alimento, calor, apego; por esta razón no tiene noción de la espera, ya que estando en el lugar que le corresponde, tiene a su alcance todo cuanto necesita; el bebé criado en el cuerpo a cuerpo con la madre desconoce la sensación de necesidad, de hambre, de frío, de soledad, y no llora nunca. Como dice la norteamericana Jean Liedloff, en su obra The Continuum Concept, el lugar del bebé no es la cuna ni la sillita ni el cochecito, sino el regazo humano.
Esto es cierto durante el primer año de vida; y los dos primeros meses de forma casi exclusiva (por eso la antigua famosa ‘cuarentena’ de las recién paridas); luego, los regazos de otros cuerpos del entorno pueden ser sustitutivos algunos ratos. El propio desarrollo del bebé indica el fin del periodo simbiótico: cuando el bebé empieza a andar: entonces empieza poco a poco a hacerse autónomo y a deshacerse el estado simbiótico.
La verdad es obvia, sencilla y evidente.
El bebé lactante toma la leche idónea para su sistema digestivo y además puede regular su composición con la duración de las tetadas, con lo cual el bebé criado en el regazo de la madre no suele tener problemas digestivos.
Cuando la criatura llora y no se le atiende, llora con más y más desesperación porque está sufriendo. Hay psicólogos que aseguran que cuando se deja sin atender el llanto de un bebé más de tres minutos, algo profundo se quiebra en la integridad de la criatura, así como la confianza en su entorno.
Las madres y los padres, aunque nos han educado en la creencia de que ‘es normal que los niños lloren’ y que ‘hay que dejarles llorar para que se acostumbren’, y por ello estamos especialmente insensibilizadas para que su llanto no nos afecte, a veces no somos capaces de tolerarlo. Como es natural si estamos un poco cerca de ellos, sentimos su sufrimiento y lo sentimos como un sufrimiento propio. Se nos revuelven las entrañas y no podemos consentir su dolor. No estamos del todo deshumanizadas. Por eso los métodos conductistas proponen ir poco a poco, para cada día aguantar un poquito más ese sufrimiento mutuo. Esto tiene un nombre común, que es la ‘administración de la tortura’, pues es una verdadera tortura la que infligimos a los bebés cuando hacemos ésto, y nos infligimos a nosotras mismas, por mucho que se disfrace de norma pedagógica o pediátrica.
Varios científicos estadounidenses y canadiense (biólogos, neurólogos, psiquiatras, etc.), en la década de los noventa, realizaron diferentes investigaciones de gran importancia en relación a la etapa primal de la vida humana; demostraron que el roce piel con piel, cuerpo a cuerpo, del bebé con su madre y demás allegados, produce unos moduladores químicos necesarios para la formación de las neuronas y del sistema inmunológico; en fin, que la carencia de afecto corporal trastorna el desarrollo normal de las criaturas humanas. Por eso los bebés, cuando se les deja dormir sol@s en sus cunas, lloran reclamando lo que su naturaleza sabe que les pertenece.
En Occidente se ha creado en los últimos 50 años una cultura y unos hábitos, impulsados por las multinacionales del sector, que elimina este cuerpo a cuerpo de la madre con la criatura y deshumaniza la crianza: al sustituir la piel por el plástico y la leche humana por la leche artificial, se separa más y más a la criatura de su madre. Incluso se han fabricado modelos de walkyes talkys especiales para escuchar al bebé desde habitaciones alejadas de la suya. El desarrollo industrial y tecnológico no se ha puesto al servicio de las pequeñas criaturas humanas, llegando la robotización de las funciones maternas a extremos insospechados.
Simultáneamente a esta cultura de la crianza de los bebés, se medicaliza cada vez más la maternidad de las mujeres; lo que tendría que ser una etapa gozosa de nuestra vida sexual, se convierte en una penosa enfermedad. Entregadas a los protocolos médicos, las mujeres adormecemos la sensibilidad y el contacto con nuestros cuerpos, y nos perdemos una parte de nuestra sexualidad: el placer de la gestación, del parto y de la exterogestación, lactancia incluida. Paralelamente las mujeres hemos accedido a un mundo laboral y profesional masculino, hecho por los hombres y para los hombres, y que por tanto excluye la maternidad; por eso la maternidad en la sociedad industrializada ha quedado encerrada en el ámbito privado y doméstico. Sin embargo, durante milenios la mujer ha realizado sus tareas y sus actividades con sus criaturas colgadas de sus cuerpos, como todavía sucede en las sociedades no occidentalizadas. La imagen de la mujer con su criatura tiene que volver a los escenarios públicos, laborales y profesionales, so pena de destruir el futuro del desarrollo humano.
A corto plazo parece que el modelo de crianza robotizado no es dañino, que no pasa nada, que las criaturas sobreviven; pero científicos como Michel Odent (1999 y www.primal-health.org), apoyándose en diversos estudios epidemiológicos, han demostrado la relación directa entre diferentes aspectos de esta robotización y enfermedades que sobrevienen en la edad adulta. Por otro lado, la violencia creciente en todos los ámbitos tanto públicos como privados, como han demostrado los estudios de la psicóloga suizo-alemana Alice Miller (1980) y del neurofisiólogo estadounidense James W. Prescott (1975), por citar sólo dos nombres, también procede del mal trato y de la falta de placer corporal en la etapa primera de la vida humana. También hay estudios que demuestran la correlación entre la adicción a las drogas y los trastornos mentales, con agresiones y abandonos sufridos en la etapa primal. Por eso los bebés lloran cuando les falta lo que se les quita ; ell@s saben lo que necesitan, lo que les correspondería en ese momento de sus vidas.
Deberíamos sentir un profundo respeto y reconocimiento hacia el llanto de los bebés, y pensar humildemente que no lloran porque sí, o mucho menos, porque son malos. Ellas y ellos nos enseñan lo que estamos haciendo mal.
También deberíamos reconocer lo que sentimos en nuestras entrañas cuando un bebé llora; porque pueden confundir la mente, pero es más difícil confundir la percepción visceral. El sitio del bebé es nuestro regazo: en esta cuestión, el bebé y nuestras entrañas están de acuerdo, y ambos tienen sus razones.
No es cierto que el colecho (la práctica de que los bebés duerman con sus padres) sea un factor de riesgo para el fenómeno conocido como ‘muerte súbita’. Según The Foundation for the Study of Infant Deaths, la mayoría de los fallecimientos por ‘muerte súbita’ se producen en la cuna. Los estudios demuestran que es más seguro para el bebé dormir en la cama con sus padres que dormir solo.
Por todo lo que hemos expuesto, queremos expresar nuestra gran preocupación ante la difusión del método propuesto por el neurólogo E. Estivill en su libro Duérmete Niño (basado a su vez en el método Ferber divulgado en Estados Unidos), para fomentar y ejercitar la tolerancia de las madres y los padres al llanto de sus bebés; se trata de un conductismo especialmente radical y especialmente nocivo teniendo en cuenta que el bebé está aún en una etapa de formación. No es un método para tratar los trastornos del sueño, como a veces se presenta, sino para someter la vida humana en su más temprana edad. Las gravísimas consecuencias de este método, han empezado ya a ponerse de manifiesto.
Necesitamos una cultura y una ciencia para una crianza acorde con nuestra naturaleza humana, porque no somos robots, sino seres humanos que sentimos y nos estremecemos cuando nos falta el cuerpo a cuerpo con nuestros mayores. Para contribuir a ello, para que tu hijo o tu hija deje de sufrir YA, y si te sientes mal cuando escuchas llorar a tu bebé, hazte caso, cógele en brazos para sentirle y sentir lo que está pidiendo; posiblemente sólo sea eso lo que quiere y necesita, el contacto con tu cuerpo. No se lo niegues.

lunes, 30 de abril de 2012

Taller del día 23 Abril, Torreblanca.

El taller del día 23 en el centro de salud de Torreblanca fue todo un éxito, había unas  mamis estupendas con sus bebes dispuestas a escuchar y probar cosas nuevas, saludadbles y diferentes.

El taller se realizó en calma e intentando esclarecer todas las dudas que iban surgiendo sobre el tema del porteo y otros muchos temas que inquietaban a las mamis.

Muchas mamis se animaron a probar los fulares y otros tipos de portabebé, y la verdad, les sorprendió gratamente su comodidad.

¡¡¡Gracias a todas!!

Hicimos la propuesta de crear un grupo de crianza y de momento la idea les parece interesante a muchas.La verdad sería estupendo disponer de un espacio donde compartir vivencias y aprender juntos.

                                              Las fotos de nuestro taller, ¡¡¡¡que chulo!!!

                                              ¡¡¡¡¡GRACIAS A TODAS!!!!!!

domingo, 22 de abril de 2012

Mei tai

Disponibles en la caseta: Mei tai artesanal, divertido y muy cómodo para llevar a tu bebé.


El mei tai es un tipo de portabebé tradicional de china, son unos portabebés muy cómodos y fáciles de llevar.
Este tipo de portabebés es muy fresquito para el portador y para el bb ya que se compone de un rectángulo de tela con tirantes para anudar, son ligeros para transportar o guardar en el bolso.
Podemos llevar a nuestros peques tanto delante como en la espalda.

A hora que llega el buen tiempo y empiezan los calores, que apetece salir a la calle o a la montaña con nuestros pequeños, el mei tai es una buena opción para llevar a nuestros peques siempre cerquita.

Nuestros mei tai tienen un diseño sencillo y divertido, son ligeros y vienen con una bolsa de tela a juego para guardarlos.

En la caseta te ofrecemos asesoramiento sobre como colocar el portabebé, que tipos existen en el mercado y cual se adapta más a tus necesidades.

Si quieres más información no dudes en escribirnos sin compromiso.
cristina.cb_79@hotmail.com

sábado, 21 de abril de 2012

Doulas


Doulas, acompañando la maternidad

Por:  28 de marzo de 2011

Whity blog
 
Llegas a casa con una paz y una felicidad inmensas, pero, de repente, te da por llorar. El bebé está sano, tiene cinco dedos en cada mano y en cada pie y además es el más guapo del mundo. Pero también hay peros. El parto ha sido una experiencia dura, te molesta ahí abajo, te tiran los puntos, te duelen las tetas, el teléfono no para de sonar, la nevera está vacía, te mueres de sueño, el padre tiene que salir a comprar y a hacer papeles y más papeles, la ropa sucia se amontona… y lo más difícil de gestionar: visitas que no apetecen, la abuela que dice este niño tiene hambre, la cuñada que discrepa con un pero si acaba de comer, la visita que dice que lleva demasiada ropa y tiene calor, la vecina que ha mirado en internet. Todo el mundo opina y a la madre, en un momento de extrema vulnerabilidad, le entra una flojera que le impide concentrar todos sus esfuerzos en lo que toca y le pide el instinto: hacer de madre.
Ahí es donde entran en juego las doulas, una figura que gana popularidad y cuya función es velar por el bienestar físico y emocional de la madre y la nueva familia.Desde cuando la usuaria decida: preparto, parto o postparto. Ellas defienden su papel en una sociedad donde, apuntan, la madre que llega a casa está sola: no es como antes, cuando mujeres de varias generaciones y parentescos convivían y compartían mucho más su experiencia. Las doulas, una palabra de raíz griega, no son médicos ni comadronas. No hay ningún organismo que certifique su profesionalidad, aunque lo están intentando.
En Barcelona, hace cuatro años que se constituyeron en asociación, Mares Doules, y las 65 asociadas se forman en cursos impartidos por varios expertos (doulas reconocidas por su experiencia, pediatras, comadronas, especialistas en lactancia, en postparto, psicólogos) y firman un código ético en el que se comprometen, entre otras cuestiones, a escuchar y ayudar pero sin dar consejos, a no realizar tareas clínicas, médicas, ni diagnósticos, además de no divulgar información personal de los clientes.
Para poner un ejemplo, destaca la presidenta de la Mares Doules, Clara Vergés, una doula no aconseja si parir en casa o en el hospital, si con epidural o sin ella, si teta o biberón… Una doula apoya las decisiones de la madre. La práctica de algunas doulas, sin embargo no está ni ha estado exenta de polémica, por prácticas que Vergés considera que no les corresponden. Su relación con el colectivo de comadronas no es fácil, admite. “El nuestro es un trabajo sobre todo presencial, aconsejar lo tienen que hacer las comadronas. Lo importante es que la madre a veces está desbordada y necesita alguien que la escuche, la aísle de tantas voces y le dé seguridad. No se trata tanto de decir, ‘haz esto’, como de ‘¿y tu cómo lo ves, qué te parece, qué querrías hacer?’”. Vergés destaca también que la ausencia de vínculos emocionales entre la madre y la doula facilitan la relación.
El trabajo de las doulas varía mucho en función de la realidad de cada familia. “Hay madres que piden que les cocines, otras que las escuches, a veces ponemos lavadoras, organizamos el espacio… La madre lo que tiene que hacer es mirar a la criatura y seguir su instinto, pero a menudo necesita que le den confianza en ella misma, en su pediatra, en su comadrona. Cuántas veces no hemos escuchado aquello de ‘no sé si lo estoy haciendo bien’. ¡Pues claro que sí!”.
¿Y los padres? ¿Qué papel juegan? ¿No pueden sentirse desplazados? “Hombre, responde Vives, vamos un par de horas durante cinco días seguidos y luego cuatro horas en días sueltos [es el pack básico de Mares Doules], no le quitamos el sitio. Nosotras no vamos a arrinconar a nadie, ni padres ni abuelas, sino a que todo el mundo esté en su sitio. Es más, en ausencia de vínculos emocionales, muchas veces hacemos de puente”.
En el caso de las madres que confían en doulas para el preparto y el parto, la filosofía es la misma. Vergés explica que cada vez más llaman mujeres que tuvieron una mala experiencia en el primer parto y quieren que aquel recuerdo no se repita. Y apunta que también crece el número de hombres que expresan su deseo de no estar en el parto acompañando a sus mujeres, aunque la doula también puede acompañarles a ambos.
En Internet, además de un varias páginas, desde la entrada de la wikipedia  hastadoulas.es, hay un vídeo muy reciente en el que aparecen las sesiones de formación de Mares Doules, declaraciones de profesionales que participan en ellas y el testimonio de una doula y una usuaria que además son hermanas. Se titula Doulas. Ángeles de la Maternidad y lo firma el colectivo MiNuShu. La asociación también protagonizó recientemente un programa, en catalán, de la televisión local de Terrassa.

viernes, 20 de abril de 2012

Articulo muy interesante del blog bebesyespecias


La importancia de la fase de “en brazos”

Jean Liedloff
“(…)Inicialmente, podemos intentar comprender completamente el poder de formación de lo que yo llamo la fase de “en brazos”. Empieza en el nacimiento y acaba con el inicio del arrastre, cuando el bebé puede alejarse de su cuidador y volver a voluntad. Esta fase consiste, simplemente, en que el bebé tenga contacto físico durante las 24 horas del día con un adulto u otro niño mayor.
Al principio, meramente observé que la experiencia de ir en brazos tenía un impresionante efecto saludable en los bebés. Sus cuerpos eran suaves y se adaptaban a cualquier posición que fuera adecuada para sus porteadores. En contraste a este ejemplo, tenemos el desesperado desconfort de los niños acostados cuidadosamente en un moisés o cochecito, suavemente arropados, y dejados ir, rígidos, con el deseo de asirse a un cuerpo vivo que, por naturaleza, es el lugar correcto. (…)”
“Durante los dos años y medio en los que estuve viviendo con los indios de la edad de piedra en la jungla de Sudamérica (no todos seguidos, sino en cinco expediciones separadas con mucho tiempo entre ellas para reflexionar), pude darme cuenta de que la naturaleza humana no es lo que se nos ha hecho creer que somos. Los bebés de la tribu de los Yecuana, más que necesitar paz y sosiego para dormir, dormitaban embelesadamente cuando se sentían cansados, mientras que los hombres, mujeres o niños que los acarreaban, bailaban, corrían, andaban, gritaban o impulsaban las canoas. Los niños jugaban juntos sin pelearse o discutir, y obedecían a los mayores instantánea y diligentemente.
La idea de castigar a un niño aparentemente nunca se les ocurrió a esa gente, ni su comportamiento mostró nada que pudiera llamarse verdaderamente permisividad. Ningún niño habría soñado en interrumpir, incomodar o ser mimado por un adulto. Y, sobre los cuatro años, los niños contribuían más en las tareas de la familia que lo que precisaban de ella.
Los bebés en brazos casi nunca lloraban y, de una manera fascinante, no movían sus brazos, protestaban, arqueaban su espalda ni flexionaban sus brazos o piernas. Se sentaban tranquilamente en sus bandoleras o dormían en la cadera de alguien, desmintiendo el mito que los niños deben “hacer ejercicio”. Además, nunca sufrían de vómitos, excepto si estaban muy enfermos, y no tenían cólicos.
Cuando se asustaban durante los primeros meses de gatear o andar, no esperaban que nadie fuera hacia ellos, sino que iban por sí mismos hacia su madre u otros cuidadores para confirmar la necesidad de sentirse seguros antes de continuar sus exploraciones. Sin supervisión, incluso los más chiquitines casi nunca se hirieron.
¿Es su “naturaleza humana” distinta a la nuestra? Algunos piensan que así es, pero, por supuesto, sólo hay una especie humana. ¿Qué podemos aprender nosotros de la tribu de los Yequana?
Nuestras Expectativas Innatas
Inicialmente, podemos intentar comprender completamente el poder de formación de lo que yo llamo la fase de “en brazos”. Empieza en el nacimiento y acaba con el inicio del arrastre, cuando el bebé puede alejarse de su cuidador y volver a voluntad. Esta fase consiste, simplemente, en que el bebé tenga contacto físico durante las 24 horas del día con un adulto u otro niño mayor.
Al principio, meramente observé que la experiencia de ir en brazos tenía un impresionante efecto saludable en los bebés y que no había ningún “problema” que arreglar. Sus cuerpos eran suaves y se adaptaban a cualquier posición que fuera adecuada para sus porteadores; incluso algunos de ellos se colgaban en la espalda mientras los agarraban por la muñeca. No pretendo recomendar esta posición, pero el hecho de que es posible demuestra la extensión de lo que constituye el confort para un bebé. En contraste a este ejemplo, tenemos el desesperado desconfort de los niños acostados cuidadosamente en un moisés o cochecito, suavemente arropados, y dejados ir, rígidos, con el deseo de asirse a un cuerpo vivo que, por naturaleza, es el lugar correcto. Es el cuerpo de alguien que “creerá” en sus lloros y consolará sus ansias con brazos amorosos.
¿Por qué la incompetencia en nuestra sociedad? Desde la infancia, se nos enseña en no confiar en nuestro instinto. Se nos dice que los padres y los profesores saben más y que cuando nuestras sensaciones no coinciden con sus ideas, nosotros debemos estar equivocados. Condicionados para no confiar o amargamente ignorar nuestros propios sentimientos, resulta fácil convencernos para no creer en el bebé que llora diciendo: “¡Deberías tomarme en brazos!” “¡Yo tendría que estar cerca de tu cuerpo!” “¡No me dejes!” En su lugar, denegamos nuestra respuesta natural y seguimos la moda instaurada, dictada por los “expertos” en cuidados infantiles. La pérdida de confianza en nuestra experiencia innata nos deja leyendo un libro detrás de otro viendo como cada nueva idea falla.
Es importante entender quiénes son los expertos en realidad. El segundo mayor experto en cuidado infantil que existe está dentro nuestro, tan seguro como que reside en cada especie superviviente que, por definición, debe saber cuidar a su prole. El mayor experto de todos es, por supuesto, el bebé, programado durante millones de años de evolución para mostrar su propio temperamento mediante sonidos y acciones cuando el cuidado no es correcto. La evolución es un proceso de refinamiento que ha afinado nuestro comportamiento innato con magnífica precisión.
La señal del bebé, la comprensión de esta señal por la gente que lo rodea, el impulso a obedecerla, son todo partes del carácter de nuestra especie.
El presuntuoso intelecto ha mostrado estar pobremente equipado para adivinar los auténticos requerimientos de los bebés humanos. La pregunta a menudo es: ¿Debería tomar al bebé cuando llora? ¿O debería dejarle llorar durante un rato? ¿O debería dejarle llorar para que así el niño sepa quien es el jefe y no se convierta en un “tirano”?
Ningún bebé estará de acuerdo con ninguna de estas imposiciones. Unánimemente, nos dejan bien claro que no deben ser dejados para nada. Como esta opción no ha sido ampliamente defendida en la civilización occidental contemporánea, las relaciones entre padres e hijos han permanecido firmemente como si fueran adversarios. El juego se ha centrado en conseguir que el bebé duerma en la cuna, pero no se ha considerado la oposición sobre los lloros del bebé. A pesar de que Tine Thevenin, en su libro The Family Bed (La cama familiar), y otros han abierto el tema de que los niños duerman con sus padres, el principio más importante no se ha tratado claramente: comportarse contra nuestra naturaleza como especies conduce inevitablemente a la pérdida de bienestar.
Una vez hemos comprendido y aceptado el principio de respetar nuestras expectativas innatas, seremos entonces capaces de descubrir precisamente cuáles son; en otras palabras, qué es lo que la evolución nos ha acostumbrado a experimentar.
El Papel Formativo de la Fase de en Brazos

¿Cómo llegué a ver en la fase de ir en brazos aquella etapa crucial para el desarrollo de una persona? Primero, vi la gente feliz y relajada en la jungla de Sudamérica, cargando siempre a sus bebés sin dejarlos nunca. Poco a poco, fui capaz de ver una conexión entre ese hecho tan sencillo y la calidad de sus vidas. Incluso, más tarde, llegué a ciertas conclusiones sobre cómo y por qué el estar en contacto constante con un cuidador activo es esencial en el estadio inicial del desarrollo tras el nacimiento.
Por un lado, parece que la persona que carga el bebé (normalmente la madre durante los primeros meses, y luego un niño de cuatro a doce años que devuelve el bebé a la madre para alimentarlo) está formando los cimientos para las experiencias posteriores. El bebé participa pasivamente en las carreras, paseos, risas, charlas, tareas y juegos del porteador. Las actividades particulares, el ritmo, las inflexiones del lenguaje, la variedad de vistas, noche y día, el rango de temperaturas, sequedad y humedad, y los sonidos de la vida en comunidad forman una base para la participación activa que empezará a los seis u ocho meses de vida con el arrastre, gateo y luego andar. Un bebé que ha pasado ese tiempo tumbado en una tranquila cuna o mirando el interior de una sillita, o al cielo, habrá perdido la mayor parte de esta experiencia tan esencial.
Debido a la necesidad del niño de participar, es también muy importante que los cuidadores no se queden sentados mirando al bebé ni que continuamente le pregunten lo que quiere, sino que lleven vidas activas ellos mismos. Ocasionalmente, uno no puede resistir darle al bebé un chorro de besos, pero, de todos modos, un bebé que está programado para observar la ajetreada vida que llevas se confunde y frustra cuando dedicas tu tiempo mirando como él vive la suya. Un bebé dedicado a absorber lo que es la vida, siendo vivida por ti, se sumerge en la confusión si le preguntas que sea él quien la dirija.
La segunda función esencial de la experiencia de la fase en brazos parece no haber sido percibida por nadie (incluyéndome a mí, hasta mediados de la década de los 1960). Se refiere a proveer a los bebés de un mecanismo de descarga de su exceso de energía hasta que no son capaces de hacerlo por sí mismos. En los meses anteriores a ser capaces de moverse por sí mismos, los bebés acumulan energía por la absorción de comida y de luz solar. Es entonces cuando el bebé necesita contacto constante con el campo de energía de una persona activa que pueda descargar el exceso no usado de ambos. Esto explica porque los bebés Yequana estaban tan extrañamente relajados y porque no se ponían rígidos, daban patadas o arqueaban la espalda para relajarse ante una incómoda acumulación de energía.
Para poder proveer una óptima experiencia de la fase en brazos tenemos que descargar nuestra propia energía de manera efectiva. Se puede calmar muy rápidamente a un bebé corriendo o saltando con él, o bailando o haciendo lo que sea para eliminar el exceso de energía propio. Una madre o padre que deben marchar de repente a buscar algo no necesitan decir “oye, toma el bebé que voy corriendo a la tienda”. El que tenga que correr que se lleve al bebé. ¡Cuanta más acción mejor!
Los bebés y los adultos experimentan tensiones cuando la circulación de energía en sus músculos está impedida. Un bebé repleto de energía no descargada está pidiendo acción: una carrera a galope alrededor del salón o un baile movido con el niño de la mano. El campo de energía del bebé se aprovechará inmediatamente del del adulto, descargándose. Los bebés no son las cositas frágiles que hemos tomado con guantes. De hecho, un bebé tratado como frágil en este estado de formación puede ser persuadido de que es frágil.
Como padres, podéis llegar a comprender fácilmente el flujo de energía de vuestro hijo. En el proceso, descubriréis muchas maneras de ayudar a vuestro bebé a mantener el suave tono muscular del bienestar ancestral, y de proporcionarle la calma y confort que necesita para sentirse como en casa en este mundo.”
Jean Liedloff, autora de “El Concepto del Continuum”

lunes, 16 de abril de 2012

Recicla y reinventa

Algo divertido y decorativo para hacer en familia.

Hace unas semanas, salimos con mi hijo y mi pareja al campo a pasear.
Durante el paseo estuvimos recogiendo tesoros, ramas, hojas secas, piñas.....

Al día siguiente, sacando los tesoros recogidos  por mi peque,se me ocurrió una manera de tenerlos cada día a la vista y que formarán parte de la decoración.

Hemos hecho un móvil  con todos nuestros tesoros del campo, con fotos de los tres, cintas de tela y cascabeles de colores, espero que os guste.
Es muy sencillo, divertido de hacer y muy decorativo.